lunes, 10 de septiembre de 2012

Cap 1 - La primera gota (Parte 1/6)



 Malena

Una sutil, brillante y pequeña gota de sudor recorre su sinuoso camino con decisión desde el nacimiento del cabello hasta llegar al cuello.

Es solo agua, una simple gota de agua condensada por el calor, el sofoco y el estrés que puede producir el viajar, y más si se trata de un trayecto tan importante como este.

Era la segunda vez que Malena viajaba en avión en su vida, aunque esta vez todo había sido mucho más problemático. Por cada paso que había dado dentro del aeropuerto internacional de NY la habían retenido una y otra vez para arreglar mil papeles y cláusulas.

La cosa no había mejorado en cuanto a papeleo al llegar a Eurøka pero algo sí que había mejorado al bajarse del avión.

Las azafatas les habían recomendado que, en adelante rehusaran al uso de sus mascarillas anti-polución, así lo hizo. En la primera exhalación el aire le resultó tan puro que su garganta tembló emocionada y no pudo parar de toser hasta pasadas las tres o cuatro primeras exhalaciones, parecía que era lo normal ya que a los pocos viajeros que la acompañaban les ocurrió lo mismo.

Al entrar en el aeropuerto principal de la zona L en Eurøka, una señorita ataviada con unos ropajes tan excéntricos como sobrios, la vino a buscar. Le hicieron pasar varias veces por un  avanzado sistema de escáneres, consultaron su expediente, la cachearon y la retuvieron durante mucho tiempo haciéndole mil preguntas sobre el propósito por el que había decidido hacerse ciudadana de este país. Cuando todo hubo concluido le pusieron una especie de pulsera provisional identificativa.

Malena estaba prácticamente preparada para todo lo que había tenido que pasar, ya que sus contactos la habían informado previamente.

Antes de decidirse a viajar a Eurøka, Maley había contactado con varias personas con las que intercambiar información y aprender un poco de costumbres, habla y cultura. Pero sin duda con el que más confianza había trabado era con Yperbola_X.

En su blog se le podía identificar como una chica bastante atractiva, pero estrafalaria en cuanto a vestimenta. Ella fue quien le dio el último empujoncito para decidirse a viajar a Eurøka y la verdad es que, apenas acababa de llegar y se sentía bastante satisfecha de haberlo hecho. ‘Solo con lo que ha sucedido hoy tengo para escribir varios días sin parar’ pensó satisfecha mientras se dirigía a la puerta de llegadas con su equipaje ya perfectamente legislado.

El sensor de la puerta hizo que se abriera y, al instante, un aroma a pureza le hizo cerrar los ojos. Si hay un color que definía esa sala, ese era el blanco más impoluto que jamás había visto, casi cercano al azulado. Todo era tan limpio y brillante que tenía la sensación de que había pasado su vida encerrada en una caverna.

Varias personas aguardaban al otro lado de la puerta a que se abriera del todo. En general, tenían una vestimenta algo distinta a la que Maley acostumbrada a ver. Casi era como si, de repente hubiera avanzado unos 100 años en el tiempo.

Por fin la puerta se abrió del todo y le reconoció al instante. Yperbola_X llevaba el pelo azul eléctrico e iba vestido con un traje de color amarillo fosforito con toques negros y unos interminables tacones. En sus manos un cartel con el nombre de Neiva escrito en una bonita tipografía hizo que las pocas dudas que quedaban fueran completamente resueltas, sonrió y se acercó a ella con alivio.

Eker

La mujer sonrió abiertamente, tanto que enseñó todos los dientes de su perfecta dentadura. Se inclinó hacia ella y la rodeó entre sus brazos con acelerada efusividad, estrechándola contra sus mullidos pechos. Tan rápido como la abrazó, la soltó y le colocó con la mano bien la ropa.

Se colocó el cartel bajo la axila, como si de una cartera se tratara, agarró una de las maletas, cruzó el brazo libre con el de Neiva y empezó a caminar hacia la salida más rápido de lo que parecía que aquellos zancos pudieran permitirle andar realmente.

Las puertas de la salida se abrieron automáticamente al ellas aproximarse y el viento invernal entró con fuerza, entremetiéndose por los huecos de su ropa y arrastrando consigo pequeños copos de nieve. Aunque aún no había caído la noche, la luz apenas era patente en el cielo, pues las nubes cubrían éste por completo. No muy lejos de la terminal, se veían los primeros edificios de la ciudad, altos y de colores claros.

Cerró el maletero y se sacudió las manos. Miró a Neiva con una pequeña sonrisa, como si se hubiera perdido alguna cosa.

Malena

Al abrirse la puerta un azote frío cuarteó sus labios y estremeció su piel levemente humedecida por el sudor ya casi seco, a lo que reaccionó encogiéndose de hombros y agarrándose más fuertemente al brazo de Yperbola:

Cuando abrió los ojos sus maletas ya estaban dentro del maletero del coche y su amiga le miraba con ojos atentos y curiosos, ella le correspondió la mirada sin apartarla.

El taxista ya había abierto desde dentro la puerta trasera del coche así que Maley se acercó decidida y señaló hacia el interior con la mano haciendo una leve reverencia hacia Eks.

Eker

Entonces su rostro quedó momentáneamente congelado; y no por el frío, aunque hubiera sido lo más probable, sino por el halago. Se llevó una mano a la mejilla, con sorpresa y puso los ojos en blanco al caer en cuenta de algo.

Cerró el maletero de un golpe y volvió a la acera. Echó un vistazo a la carretera, bordeada de árboles blanquecinos, perdiendo la vista en el horizonte de la ciudad.

Malena

Del interior de su bolsa de mano, Malena sacó una tarjeta en la que constaba la dirección a la que tenían que dirigirse para soltar todos sus bártulos y se la ofreció al taxista antes de que comenzara el viaje.

Veía a la gente pasear, todos con su código en la mejilla perfectamente grabado, sin alborotar ni llamar la atención y cada uno a lo suyo. A simple vista parecía un sistema que funcionaba a las mil maravillas.
Sin pensarlo dos veces revolvió en su bolsa de nuevo y sacó una minúscula cámara fotográfica, bajó la ventanilla del taxi sin preguntar ni mediar palabra y se dispuso a hacer fotografías de cada zona que le interesaba y cada cosa que le llamaba la atención, en el trayecto hacia su nuevo hogar.

Al cabo de unos cuatro o cinco disparos paró de fotografiar y, pensativa se dirigió a su acompañante acercando su mano a el código de barras de en la mejilla de Eks con curiosidad.

Guardó la cámara en su bolsa y se dedicó a girar la pulsera provisional que le habían puesto en el aeropuerto hasta que llegara su turno de operación e implantación del chip, suspiró y sonrió para quitarle importancia a la pregunta preocupada

Eker

Miró entonces cómo Maley fotografiaba a los transeúntes y decidió que debería tomar alguna foto también para su blog personal. Sacó de su chaqueta una pequeña lente de tan sólo dos dedos de diámetro y la sostuvo en el aire apuntando hacia su recién llegada compañera. Se remangó un poco el brazo izquierdo, estirándolo hacia un lado y miró la ancha y fina pulsera de su muñeca, que no era otra cosa que una mini computadora flexible. Tecleó en el aire un comando y la pulsera se conectó a la lente, recibiendo de forma remota su visión. Con otro comando tomó un par de fotos de la situación y las alojó en el ordenador personal de su casa.

Malena

Atendió la explicación de su acompañante atentamente anotando mentalmente un breve resumen de todo aquello.

Sin lugar a dudas, tener a Eks como amigo y contacto resultaba de lo más productivo para alguien como ella, rebosaba información de interés por cada uno de sus poros. El punto de la arquitectura antigua le resultó un tema de lo más atractivo.

Habían tantas cosas nuevas e interesantes en Eurøka que el hecho de pensar que con solo pisar el aeropuerto había descubierto demasiadas cosas nuevas, hacía que sintiera un poco de vértigo.

Llevaba ya prácticamente un año documentándose, había estudiado cada detalle al que era capaz de acceder desde fuera. Habían cosas tan evidentes como que la tecnología aquí era mucho más avanzada que en los países donde había vivido y, sin embargo no podía evitar sorprenderse con cada pequeña cosa que veía. Para sí misma era como encontrarse dentro de su propia novela, era como vivir una aventura o, más bien, como si acabara de nacer. Todo estaba tan nuevo y flamante que no quería perderse ni un detalle.

Al ver a su amiga haciendo payasadas no pudo contener una risa enérgica que hizo que se desahogara muchísimo. Ahora se sentía mucho más relajada con respecto al tema del chip del dedo.

Suavemente el taxista detuvo el vehículo, no podía creer que hubieran llegado ya a su nueva casa, estaba tan emocionada que por un momento estuvo a punto de bajar del vehículo sin acercar su muñequera al lector para pagar el trayecto. Suerte que al girarse para salir del coche lo recordó.
Al sacar sus maletas del taxi éste siguió su camino y las dos quedaron en mitad de una luminosa calle en la que habían varios sitios concurridos de gente con aspecto más o menos amistoso. Entre todos esos lugares destacaba lo que parecía un bar aparentemente cálido en su interior, lo cual venía de perlas para el frío que estaba volviendo a sentir.

Eker

Eker exhaló un largo suspiro.

Tecleó en el aire un par de comandos y anotó algo en la agenda.

Sacudió el cuerpo dentro de la chaqueta al salir del vehículo, pero pareció ser más por incomodidad que por las bajas temperaturas, pues no mostró ninguna otra señal de frío a pesar de su escasa vestimenta. Miró al local y luego a Maley con su sonrisilla habitual y sus ojos marrones redondos y muy abiertos, que le daban un aire hiperactivo, alerta a todo.

Malena

El comentario de sus uñas le hizo sonreír con resignación y, como gesto automático se miró las suyas.
Nunca se había cuidado demasiado las manos a pesar de que era una chica medianamente coqueta. Llevaba las uñas cortas, sin arreglar, tenía algunos padrastros y, si seguía por ese camino le terminarían saliendo sabañones con el frío que hacía, así que se anotó mentalmente que debía comprar algo para cuidarse las manos.

No tenía muy claro qué era lo que se solía tomar en L, aunque con este tiempo que hacía lo que más le apetecía era algo calentito que le entonara el cuerpo. Igualmente prefería dejarse llevar por los gustos de Eks para también poder documentarse acerca de ese tema.

Se giró y caminó hacia el bloque de pisos preguntándose qué debía hacer y dónde estaría el sensor en el que colocar la pulsera cuando cayó en la cuenta de que había un tema pendiente con Eks antes de seguir.

Eker

Se dio la vuelta y caminó con un suave trote, que parecía imposible de realizar con aquellos enormes tacones, hasta el bar. Al abrir la puerta, la calidez del interior del local chocó con su cara, haciéndole parpadear. Mientras se dirigía a la primera mesa libre que vio cerca de la ventana, se fue quitando la chaqueta. La dejó caer sobre el sillón y se dirigió a la barra, con coquetos andares. Apoyó el codo sobre el mostrador y extendió dos dedos al aire.

El camarero le sirvió las bebidas rápidamente, con una sonrisa. Su expresión, sin embargo, cambió en cuanto Eks pasó código para cobrar.

Dejó los vasos en la mesa, uno frente a otro, y esperó a que Maley volviera. Su mirada se perdió entre las calles, disueltas tras el vapor que empañaba el cristal del ventanal, y su mente divagó de una idea en otra. Alzó el dedo, lentamente en el aire, y, sin realmente mirar o si quiera enfocar, empezó a escribir en el vaho.

El ruido de su recién llegada compañera le sacó de su ensoñación. Saltó en  el asiento del susto y se espatarró cómicamente sobre el sillón. La miró con sorpresa y sonrió ampliamente.

Malena

La emoción embargaba cada poro de su piel aun cuando ya había salido del edificio una vez soltadas las maletas en la que ella consideró que se trataba de su habitación, ya que estaba completamente vacía. Una leve decepción seguía vigente en su fuero más interno ya que esperaba encontrar alguien allí, pero al contrario el piso estaba absolutamente vacío aunque a simple vista parecía que un huracán hubiera pasado por el interior del salón y la cocina por las que tuvo que pasar para llegar a su cuarto.

Botellines de algo que parecía cerveza se amontonaban en las mesas e incluso el suelo, libros de papel reciclado se descansaban en sitios insospechados: sobre el sofá, en la mesa de la cocina… como si un terremoto los hubiera descolocado de su sitio e incluso alguna que otra prenda de ropa se desparramaba en el sofá y en el pomo de la puerta de la habitación que ella reconoció como ajena. La imagen no le había chocado demasiado ya que ella generalmente vivía en un entorno parecido al que ella llamaba: Caos organizado. A menudo solía gastar la broma de “introducir la mano en el caos para sacar cualquier cosa” y es que aunque la vida de Malena no fuera demasiado desordenada, sí que lo era su entorno al que no solía prestarle demasiada atención a no ser que sus cosas no estuvieran en su sitio.

Con una enorme sonrisa de emoción y calada hasta los huesos entró en el bar. La excelente temperatura del lugar le hizo bajar en un instante de su nube de ensoñación.

Allí estaba Eks sentada mirando las musarañas y con la mirada perdida más allá de la calle que se encontraba al otro lado de la ventana junto a la que se sentó, parecía que había escrito algo en el vaho, pero rápidamente lo borró al verle aparecer, disimulando nerviosamente. Maley se hizo la despistada:

Eker

Se relamió los labios con la punta de la lengua y se recostó en el asiento. Aunque era una pose natural y nada forzada, cada pequeño gesto que Eks hacía iban cargados con sumo encanto y embeleso.

Dejó el vaso sobre la mesa y apoyó el codo en la ventana, reposando la barbilla en la red de sus dedos; índice y corazón hacia el pómulo, el resto recogidos sosteniendo el mentón.

Cambio de postura de piernas, cruzándolas ahora al revés.

Malena

Aprovechando la espontánea explicación de su amiga sobre la bebida que estaban tomando agarró con las dos manos el vaso y, colocando los codos en la mesa se lo apoyó en los labios de forma que podía oler el fuerte aroma a vodka y el lejano dulzor de la leche, mientras aprovechaba para observar detenidamente a Eks.

Sin duda la chica tenía un especial atractivo y era evidente que ella lo sabía.

La forma en la que se movía, sus gestos y su forma de mirar la hacían una de las mujeres más femeninas que Malena había conocido en su vida. De la misma forma era cálida, amable y, aunque un poco alta y corpulenta, no eran unos valores que la hicieran parecer bruta, al contrario le daba la sensación de tratarse del prototipo de mujer nórdica en cuanto a aspecto, aunque mucho más cariñosa de lo que se la hubiera esperado.

Su pelo azul y sedoso era un curioso, aunque extraño, factor cuando lo comparabas con sus finas cejas rubias. Pero sin duda la parte más llamativa de su cara eran esos ojos marrones rojizos que acaparaban toda la atención y, a la vez, hacía que costase sudor y sangre mantenerle la mirada sin apartarla a los pocos segundos.

Su pícara sonrisa sacó a Maley de su ensoñación y bebió un pequeño trago al vaso dejándolo de nuevo en la mesa para continuar.

Todo iba sobre ruedas. En ningún momento antes de acudir a Eurøka había tenido una seguridad cien por cien certera de que fuera a recibir algún trabajo por parte de Eks, aunque ésta le había dado algunas esperanzas, pero ninguna ofrenda directa de trabajo. Ese quizá era el único eslabón que Maley no había dejado atado del todo tras toda la organización del viaje y de su nueva vida, pero tenía la esperanza de que no le resultaría complicado atar ese eslabón bien atado más antes que después.

Eker

Bajó lentamente las yemas de los dedos por su rostro, incorporándose finalmente en el asiento.

Se inclinó hacia delante y cogió entre los dedos la cañita. Con aire distraído mientras miraba a Maley poniendo morritos, golpeó suavemente los hielos con la punta de ésta, hundiéndolos en la bebida con un suave repiqueteo.

Se llevó la cañita a los labios y le dio otro sorbo. Sus ojos se redondearon y brillaron en cuanto oyó que Maley aceptaba aquella oferta. Soltó la cañita con tanto brío que acabó tirándola a la mesa sin querer. Pegó una palmada en el aire y sonrió de oreja a oreja, enseñando todos los dientes.

Miró hacia su pulsera, con extrañeza. Su ceño se arrugó lentamente en una mueca. Pulsó un botón y tecleó algo en el aire.

Malena

Mientras observaba como Eks planeaba más salidas con ella, Maley sonreía con un leve brillo  de alegría y un poco de embriaguez en sus ojos. Realmente había tenido suerte al dar con una compañera tan atenta y amable. En los tiempos que corren no era fácil hallar gente tan dedicada y viva, al menos no era algo normal en USA donde los ciudadanos parecían haberse vuelto tan grises como el cielo.

No pudo evitar reír en silencio y negar con la cabeza.

La actitud alegre e ilusionada de su amiga se vio repentinamente sobresaltada por un pitido de su pulsera. Algo malo había ocurrido y esto preocupó sinceramente a Malena, que estuvo a punto de ofrecerse para acompañarla y que no se encontrara sola si se topaba con algún problema pero tal y como sonó la pulsera Eks se puso en pie, cogió sus cosas como un rayo.

Y así, de un momento a otro se encontró ahí, a solas en un bar de Eurøka... casi no se lo podía creer cuando lo pensaba detenidamente.

Aprovechando que Eks se había ido, Maley se levantó y se sentó en el lugar de su amiga para mirar a través de la zona que la chica había limpiado de humedad tapando lo que había escrito en el cristal de la ventana.

Las calles estaban bastante concurridas y bien iluminadas lo cual no hacía que perdieran ni un poco su magia.

Se mantuvo pensativa ordenando sus ideas mentalmente, cuando en un momento dado reaccionó, se giró y sacó del bolso su tablet enrollado en forma de pergamino. Lo extendió sobre la mesa y se dedicó a esquematizar todas sus vivencias hasta ahora, no quería que su memoria le jugara una mala pasada, sobre todo ahora que se encontraba un poco cansada. `Debería volver al nuevo piso y deshacer las maletas. Quizá ya haya vuelto mi compañero de piso´, pensó para sí mientras tecleaba.

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